Menos turistas, consumo retraído, facturas que generan protestas y comercios que deben sostener sus costos cuando la temporada todavía parece lejana. El Partido de La Costa entra en uno de los momentos más difíciles del año y vuelve una pregunta conocida: ¿cómo se mantiene en movimiento una economía que todavía depende demasiado del verano?
Se terminó agosto y para miles de vecinos del Partido de La Costa comienza esa parte del calendario que no aparece en las postales turísticas.
Septiembre.
El verano quedó lejos, las vacaciones de invierno ya pasaron y los próximos grandes movimientos turísticos todavía no alcanzan para llenar hoteles, restaurantes y comercios durante toda la semana.
Pero las persianas hay que levantarlas igual.
Los alquileres siguen llegando, también los servicios, impuestos, salarios y proveedores. Y este año el comienzo de septiembre encuentra a la economía costera con algunas señales que merecen atención.
Vino menos gente y gastó menos
Los últimos números oficiales difundidos por el área de Turismo municipal ayudan a entender el escenario.
Durante las vacaciones de invierno, entre el 16 y el 31 de julio, llegaron aproximadamente 185.000 turistas al Partido de La Costa. La cifra representó una caída del 22% frente a 2023 y del 12% respecto de 2025. La ocupación hotelera promedio fue del 28%, aunque alcanzó un pico del 44% durante uno de los fines de semana.
El último fin de semana largo tampoco consiguió revertir la tendencia.
El secretario de Turismo, Cristian Escudero, informó que los arribos estuvieron aproximadamente 20% por debajo de 2023, mientras que el consumo cayó alrededor de un 25%. La ocupación hotelera promedio se ubicó en el 37%.
Y ahí aparece posiblemente el dato más preocupante.
Porque una ciudad turística puede recibir visitantes, pero si quienes llegan reducen estadías y controlan cada gasto, el dinero circula mucho menos entre hoteles, restaurantes, comercios, trabajadores y proveedores.
La cadena se achica.
Cuando vender menos se encuentra con costos que no esperan
A esa menor circulación se suma un problema que durante las últimas semanas explotó públicamente: el costo de la electricidad.
Este martes vecinos volvieron a concentrarse frente a CLYFEMA en Mar de Ajó para cuestionar los montos y consumos registrados en sus facturas. Entre los casos expuestos públicamente apareció una boleta superior a los $7 millones correspondiente, según relató el usuario afectado, a un complejo donde viven cuatro familias. El vecino pidió además una revisión del medidor.
Una factura individual discutida no permite sacar conclusiones sobre todas las boletas del distrito. Pero el conflicto tarifario sí agrega presión a una economía que entra justamente en su período de menor movimiento.
Y septiembre llegó además con actualizaciones en distintos gastos habituales de hogares y comercios.
La combinación es sencilla de entender: entra menos plata, pero muchos costos continúan llegando todos los meses.
Una persiana que baja también genera preguntas
Esta semana también se conoció el cierre de “De Todo un Poco y Algo Más”, un comercio de San Bernardo que se despidió después de tres años de actividad. Sus propietarios no explicaron públicamente los motivos de la decisión. Por eso sería incorrecto atribuir el cierre a la situación económica.
Pero la noticia apareció justo cuando comienza el período más complejo para buena parte del comercio costero.
Y sirve para poner sobre la mesa una pregunta que excede a un negocio particular: ¿cuánto cuesta mantener una persiana abierta durante todo el año en una ciudad que sigue haciendo la mayor parte de su caja durante unos pocos meses?
“La Costa todo el año”, el desafío que todavía cuesta
Desde hace años el distrito intenta romper con esa dependencia.
Este invierno el Municipio presentó incluso la estrategia “La Costa todo el año”, buscando combinar gastronomía, naturaleza, cultura y eventos para generar movimiento fuera de enero y febrero.
También se impulsaron iniciativas para estimular el consumo interno y la compra en establecimientos locales.
El problema es que los números recientes muestran la dimensión del desafío.
No alcanza solamente con conseguir que llegue gente.
Hace falta que esa gente se quede, consuma y genere actividad suficiente para que el sector privado pueda sostener empleo y estructura durante el resto del año.
Y cuando eso no sucede, la economía termina refugiándose nuevamente en la misma esperanza: aguantar hasta diciembre.
La cuenta regresiva hacia el verano ya empezó
Para quien mira el calendario desde afuera, faltan meses para la temporada.
Para un comerciante, hotelero o gastronómico costero, el verano 2027 ya empezó.
Hay que decidir precios, contratar servicios, mantener instalaciones, afrontar deudas, definir inversiones y evaluar cuánto riesgo asumir para una temporada cuyo nivel de consumo todavía es una incógnita.
Por eso septiembre puede terminar siendo bastante más importante que enero.
Es el momento en que muchos negocios deberán decidir cómo llegar al verano y, en algunos casos, si vale la pena hacerlo con la misma estructura.
La Costa lleva décadas discutiendo cómo romper la estacionalidad. Los últimos datos vuelven a demostrar que el problema sigue ahí.
Porque mientras esperamos que regresen los turistas, hay casi 100.000 costeros que necesitan que la economía funcione también cuando la playa está vacía.
Y esa probablemente siga siendo una de las cuentas pendientes más grandes del distrito.




