Aunque hace un año prometían dinamitar la casta, ahora en la Legislatura bonaerense los bloques de La Libertad Avanza están dispuestos a darle un empujoncito al peronismo para que vuelva la reelección indefinida. Eso sí: piden algo a cambio. ¿Transparencia? ¿Moral institucional? No, la Boleta Única.
La negociación está sobre la mesa. El paquete es completo: reelecciones sin límite, boleta “modelo supermercado” y de yapa, una redistribución de bancas por sección electoral, que algunos ya piden desde hace rato porque el conurbano siente que pone la carne pero come guiso.
¿Por qué ahora?
En la teoría, los libertarios no reciben bajada de línea de la Rosada, pero las bancas necesitan votos como el auto necesita nafta. Y con las reglas actuales, los libertarios podrían quedarse sin representantes bonaerenses en 2027, al menos en varias zonas. En el Partido de La Costa, por ejemplo, tienen dos bancas locales que hoy corren serio riesgo de no renovarse si no hay algún “update” en la legislación.
Así las cosas, el purismo libertario se negocia por partes. «Con la Boleta Única le damos todo el poder al ciudadano y se terminan los manejos partidarios», dicen desde el bloque, mientras hacen cuentas para ver si llegan a los votos que garanticen la rosca.
En el peronismo, todos juegan
El que no necesita modificar nada para seguir es el intendente Juan de Jesús. La ley actual le permite ir por una reelección más sin inconvenientes. Pero hay 82 intendentes que no tienen esa suerte. Y eso, para muchos distritos, es un problema de gobernabilidad. O de supervivencia. O de mantener los despachos pintados.
La realidad es que aunque no lo digan en voz alta, 135 municipios bonaerenses miran con atención la movida. En más de uno ya están sacando cuentas, calculando herencias políticas y evaluando si vale la pena abrir la interna o mantener la familia unida, al menos por un mandato más.
Desde La Cámpora empujan la discusión de fondo: la supuesta sobrerrepresentación del interior frente al conurbano, que desde hace décadas arrastra bancas como si fueran valijas ajenas. Pero esa pelea recién empieza, y como siempre, será según cómo sople el viento.
La rosca no se toma vacaciones
Con el verano encima y sin elecciones a la vista, el 2026 aparece como un año ideal para que todos los sectores se sienten a la mesa con la calculadora y el mate. Ya quedó claro en 2025 que las reglas pueden cambiar un rato antes de la elección, pero nadie quiere repetir ese desmadre.
La jugada es clara: Kicillof empuja el regreso de las reelecciones sin límite, los libertarios aceptan si hay Boleta Única (y algo de aire para sus bancas), y todos salen a decir que es en nombre de la república, la democracia y la institucionalidad. Al final, lo importante es que no se quede nadie sin silla cuando pare la música.




