En la UCR bonaerense pasa algo bastante argentino: todos hablan de unidad, pero en voz baja te admiten que nadie quiere largar la manija. Y así, la interna radical sigue más viva que nunca, con capítulos que se estiran como sobremesa de domingo.
Esta semana, el juez Alejo Ramos Padilla hizo lo que correspondía: escuchar a las partes. Es decir, sentó a los distintos sectores a explicar por qué ellos tienen razón… y los otros no tanto.
Según se puede ver en el seguimiento del caso publicado por InfoCielo
👉 https://www.infocielo.com/politica-y-economia/ucr-bonaerense-ramos-padilla-escucho-a-las-partes-y-se-acerca-una-definicion-para-la-interna
el proceso avanza hacia una definición que promete dejar heridos en el camino. Porque si algo sobra en esta interna, no es precisamente consenso.
Una pelea por algo más que cargos
Acá no se discute solo una elección partidaria. Lo que está en juego es el control político del radicalismo en la provincia de Buenos Aires. Y eso, en año electoral o preelectoral, vale oro.
La famosa lapicera —esa que define candidaturas, acuerdos y estrategias— es el verdadero botín.
En los pasillos del partido lo dicen sin decirlo: «el que pierde, queda mirando desde afuera».
Mientras tanto, Ramos Padilla quedó en una posición incómoda. Más árbitro que juez, en un partido donde todos protestan cada fallo. Escuchó, tomó nota y ahora tiene que decidir. Y cualquier decisión va a generar ruido.
La unidad, esa palabra incómoda
En público, todos piden unidad. En privado, la palabra suena más a deseo que a plan real. Algo así como cuando decís que el lunes arrancás el gimnasio.
Porque la verdad es más simple: nadie quiere ceder.
«Acá nadie se baja solo», deslizan cerca de uno de los sectores en disputa.
Lo que viene puede ordenar el tablero… o complicarlo todavía más. Porque en la política bonaerense, cuando parece que algo se termina, en realidad recién está empezando.
Y en la UCR lo saben bien: las internas no se cierran, se administran.




