La Costa pierde 8 mil visitantes: polémica por la asamblea que se fue

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La Costa pierde 8 mil visitantes y nadie parece sorprendido

La confirmación de que Mar de Ajó no será sede de la asamblea 2026 de los Testigos de Jehová no generó un escándalo. Tampoco un gran debate público. Apenas comentarios aislados. Y quizás ahí esté el dato más relevante.

Porque no se trata solo de un evento que no se hace. Se trata de cerca de 8 mil personas que no vienen.

El encuentro, realizado en 2025 en el Estadio de La Costa, había implicado la ocupación de unas 1.200 plazas hoteleras y un movimiento sostenido en gastronomía, transporte y comercios en un mes como octubre, donde cada visitante cuenta.

Lo que se pierde (y se naturaliza)

El turismo de reuniones no es una promesa: es una herramienta concreta para sostener actividad fuera de temporada. Otros destinos lo entienden, lo buscan y lo cuidan.

En La Costa, en cambio, el dato pasa casi como una anécdota.

Menos reservas. Menos consumo. Menos circulación.
Pero también menos discusión.

Un desacuerdo previsible

Desde la organización señalaron que «el año pasado nos sentimos cómodos y bien atendidos», aunque definieron que «lo más conveniente este año era dividir el evento» entre Pinamar y Mar del Plata.

Del otro lado, fuentes vinculadas a Bilboard hablan de un desacuerdo económico.

Nada extraordinario: números que no cerraron.

Y sin embargo, la consecuencia es concreta: el evento se fue.

Negocio, comunidad… y una zona gris

El planteo aparece casi automáticamente: ¿hay que pensar en el negocio o en el beneficio de toda la comunidad?

Pero la pregunta incomoda un poco más cuando se da vuelta:
¿quién está dispuesto a perder para que gane el resto?

Porque si una empresa tiene costos definidos, difícilmente pueda operar a pérdida.
Y si la comunidad no acompaña, el “derrame” queda en potencial.

Un antecedente local lo resume sin rodeos. Desde la administración del estadio recuerdan:
«Cuando se hicieron los recitales de Alejandro Lerner y Axel, muchos pedían entradas gratis porque creían que no se iban a vender».

La escena tiene algo de costumbrismo: desconfiar primero, acompañar después… si es que todavía hay algo para acompañar.

La discusión que siempre queda a mitad de camino

La salida del evento deja preguntas conocidas:

  • ¿El Partido de La Costa puede darse el lujo de perder 8 mil visitantes en octubre?
  • ¿Existe una estrategia real para atraer turismo todo el año?
  • ¿Qué nivel de compromiso hay —real, no discursivo— para sostener estos eventos?

Y una más incómoda:
¿queremos este tipo de desarrollo o solo nos gusta la idea cuando funciona?

Sin culpables, pero con consecuencias

No hay un responsable único. Hay decisiones, números, expectativas y también hábitos.

Lo que sí hay es un resultado: el evento no se hace en La Costa.

Y mientras otras ciudades lo reciben, acá queda una oportunidad menos en un calendario que necesita cada vez más de estas iniciativas.

Tal vez la discusión no sea quién falló, sino algo más simple —y más difícil—:
qué estamos dispuestos a hacer, como comunidad, para que la próxima vez no pase lo mismo.

O, al menos, para que no nos vuelva a sorprender algo que ya empieza a parecer costumbre.