La renovación política llegó a La Costa: son los mismos, pero con otro logo

los mismos candidatos

Falta para 2027, pero varios ya empiezan a acomodarse para una carrera que conocen bastante bien. En veinte años cambiaron alianzas, colores, candidatos presidenciales y nombres de partidos. Lo que parece bastante más difícil de renovar es el elenco local.

La política del Partido de La Costa tiene una admirable capacidad para reinventarse. Cada dos años aparece un frente nuevo, una alianza novedosa, colores diferentes y, si la ocasión lo requiere, hasta una nueva promesa de renovación. Después uno mira la foto y conoce a casi todos.

Camino a 2027 empiezan a circular nuevamente nombres como Daniel López, Marcos “Cotoco” García, Roxana Cavallini y Matías Porta. No todos confirmaron que serán candidatos a intendente, pero todos continúan activos en una política local que tiene una particularidad: los sellos parecen durar bastante menos que las aspiraciones.

Cotoco García es probablemente el ejemplo más acabado de perseverancia. Ya disputaba la intendencia en 2011, volvió a competir en 2015 y consiguió entonces quedar relativamente cerca de Juan Pablo de Jesús. En 2023 regresó nuevamente a la carrera, esta vez dentro de Juntos por el Cambio y alineado con Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli. Perdió la interna frente a Daniel López. Hoy vuelve a hablar de unidad opositora y continúa participando del armado hacia 2027.

En política, aparentemente, la esperanza es lo último que se pierde. La candidatura, bastante después.

Daniel López tiene un recorrido más reciente y un argumento electoral bastante más contundente: estuvo muy cerca de ganar en 2023. Pero tampoco apareció ayer. Intentó competir por la intendencia desde el radicalismo en 2019, encabezó Juntos en las legislativas de 2021 y consiguió el 42,72%, ganó la interna opositora de 2023 y llegó a octubre bajo una consigna bastante apropiada para aquellos tiempos: “Por un nuevo futuro para La Costa”.

Perdió frente a Juan de Jesús por apenas 1,2 puntos. En 2025 volvió a encabezar una boleta, esta vez la de Somos Buenos Aires, que obtuvo cerca del 19%. Y ya expresó públicamente que su objetivo es gobernar La Costa en 2027.

El futuro puede esperar. Daniel, aparentemente, también.

El caso de Roxana Cavallini permite observar otra curiosidad de la política argentina: cuánto vale el candidato y cuánto vale la boleta. En 2021 encabezó Unidos por La Costa y obtuvo alrededor del 2,8%. Dos años después fue candidata a intendenta por La Libertad Avanza, con Javier Milei arriba de la boleta, y terminó consiguiendo 23,75% en las generales.

Un crecimiento formidable en apenas dos años.

Puede atribuirse a su construcción política, naturalmente. Aunque tampoco parece un detalle menor que arriba de su nombre estuviera el candidato presidencial que terminaría llegando a la Casa Rosada.

Porque a veces el candidato lleva la boleta. Y otras veces la boleta lleva al candidato.

Matías Porta también conoce bastante de cambios de escenario. En 2023 compitió por la intendencia dentro de Juntos por el Cambio, desde el PRO y acompañando el armado Larreta-Santilli. Perdió aquella interna frente a López. En 2025, después de que no prosperara un acuerdo local entre sectores del PRO y La Libertad Avanza, encabezó Nuevos Aires y obtuvo alrededor del 3,4%. Después volvió a reivindicar su pertenencia al PRO y el trabajo político junto a Santilli.

Nada demasiado extraño. Los dirigentes buscan representar sus ideas desde el lugar donde encuentran posibilidades.

Lo llamativo es que en La Costa las ideas parecen conseguir domicilio nuevo cada dos años.

Y antes de que el peronismo se entusiasme demasiado leyendo estas líneas, conviene aclarar algo: el oficialismo tampoco está precisamente en condiciones de dictar un seminario sobre renovación política.

Juan de Jesús fue elegido intendente por primera vez en 1983. Gobernó distintos períodos, volvió en 2003, luego llegó su hijo Juan Pablo de Jesús, después Cristian Cardozo y en 2023, cuarenta años después de aquella primera elección, Juan volvió a encabezar la boleta municipal.

Y ganó.

Detalle no menor.

Porque podemos preguntarnos durante horas por qué siguen presentándose los mismos dirigentes, pero existe una respuesta bastante incómoda: porque todavía hay vecinos que los votan.

Así llegamos hacia 2027 después de haber conocido UDESO, Frente Renovador, Cambiemos, Juntos por el Cambio, Juntos, La Libertad Avanza, Somos Buenos Aires, Nuevos Aires y varias experiencias vecinalistas. Algunas desaparecieron, otras cambiaron de nombre y varias alianzas terminaron con dirigentes que luego se reencontraron en otra.

Una especie de transporte público electoral: cambia la línea, pero varios pasajeros siguen arriba.

¿Y si el problema no fueran los que siguen, sino los que nunca aparecen?

Ahí la ironía empieza a dejar lugar a una pregunta bastante más seria.

¿Por qué un distrito que creció durante las últimas dos décadas tiene tantas dificultades para producir una generación nueva de dirigentes capaz de disputar seriamente la intendencia?

Quizás porque construir políticamente en La Costa es mucho más difícil de lo que parece. Hay que instalar un nombre desde San Clemente hasta el sur del distrito, conseguir fiscales, estructura, recursos, comunicación y presencia territorial. Y mientras tanto los partidos parecen haberse especializado más en conseguir candidatos para completar listas que en formar dirigentes para gobernar dentro de diez años.

Por eso, cuando aparece una nueva fuerza nacional, muchas veces ocurre algo previsible: antes de que esa fuerza produzca nuevos cuadros locales, algún dirigente que ya estaba encuentra primero la puerta de entrada.

Entonces quizá resulte demasiado fácil burlarse de Cotoco porque vuelve, de López porque insiste, de Cavallini porque busca otra oportunidad o de Porta porque continúa recorriendo espacios. Un político queriendo ser candidato no constituye precisamente un fenómeno paranormal.

La pregunta verdaderamente incómoda es otra:

¿por qué después de tantos años casi nadie nuevo consiguió desplazarlos?

Tal vez ahí esté la verdadera crisis de renovación de la política costera.

Porque mientras todos prometen renovar La Costa, La Costa todavía está esperando que se renueven los que prometen renovarla.