Aunque el Gobierno bonaerense había cerrado la paritaria con los gremios docentes, el paro convocado por SUTEBA Multicolor tuvo un fuerte acatamiento. La medida expuso una realidad incómoda para la conducción sindical y para la Provincia.
La política sindical dejó un mensaje mucho más fuerte que el propio paro. Pese a que el Gobierno de Axel Kicillof había alcanzado un acuerdo salarial con el Frente de Unidad Docente Bonaerense, la medida de fuerza impulsada por SUTEBA Multicolor, una expresión minoritaria dentro del sindicato, registró un alto nivel de adhesión en numerosos distritos de la provincia.
El dato excede la discusión salarial. Porque si quienes representan a la mayoría firman una paritaria y, pocos días después, una convocatoria de la oposición logra un importante acatamiento, queda al descubierto una pregunta incómoda: ¿el acuerdo realmente expresó el ánimo de los docentes?
La distancia entre la mesa y las aulas
En los papeles, el conflicto estaba resuelto. En las escuelas, la realidad mostró otra cosa.
La fuerte adhesión al paro no convierte automáticamente a la Multicolor en mayoría, pero sí evidencia un malestar que la conducción provincial de SUTEBA no puede ignorar.
En política sindical existe una regla sencilla: la legitimidad no sólo se consigue en las urnas, también se sostiene interpretando el humor de los trabajadores.
El silencio que también habla
Hubo otro dato llamativo: el bajo perfil de la conducción gremial y del Gobierno bonaerense tras la jornada de protesta.
Y en política, muchas veces el silencio dice más que los discursos.
Si el acatamiento hubiera sido marginal, habría alcanzado con relativizar la medida. Pero cuando las escuelas muestran otro escenario, las explicaciones se vuelven más difíciles.
Una señal para todos
El paro dejó una advertencia tanto para el Ejecutivo provincial como para la conducción de SUTEBA.
No necesariamente porque una minoría haya ganado la discusión interna, sino porque logró expresar un descontento que, al menos por un día, encontró eco en miles de docentes.
Las paritarias pueden cerrarse con una firma, pero la verdadera validación siempre llega cuando suena el timbre de entrada. Y esta vez, las aulas parecieron enviar un mensaje distinto al que reflejaba el acta oficial.




