Reuniones, operadores, cuentas matemáticas imposibles y dirigentes que reaparecen como figuritas difíciles: el radicalismo del Partido de La Costa intenta evitar una interna, aunque algunos ya llevan el traje puesto para la pelea.
En el radicalismo del Partido de La Costa hay una pregunta que sobrevuela cada reunión de café, mesa política o pasillo partidario: ¿la tan buscada “unidad” es realmente un acuerdo político o apenas un amontonamiento elegante con olor a rosca vieja?
La Unión Cívica Radical bonaerense ya activó el calendario electoral interno rumbo al próximo 7 de junio, fecha en la que se renovarán autoridades partidarias, convencionales y estructuras juveniles tanto a nivel local como provincial. Y como ocurre cada vez que el radicalismo tiene que repartirse cargos, la calculadora empezó a sacar más humo que las ideas.
Hasta hace apenas unos días, el esquema parecía relativamente sencillo: un acuerdo “50 y 50” entre el sector alineado con Maximiliano Abad y el espacio Evolución Radical. Una especie de matrimonio por conveniencia donde nadie se ama demasiado, pero todos entienden que discutir en público queda feo.
Sin embargo, como en toda buena novela radical, apareció un tercer actor dispuesto a patear la mesa. El sector referenciado en Pablo Juliano, acompañado por intendentes y dirigentes históricos del radicalismo bonaerense, llegó reclamando pista propia y un reparto “33, 33 y 33”. Una fórmula matemática tan precisa como difícil de explicar cuando aparecen los egos.
En el medio de esa ingeniería política empezó a tallar también la discusión local. En el distrito, un sector de la zona sur amagó con disputar la presidencia del Comité, hoy en manos de Yanina Coppola, dirigente del espacio que responde a Dany López. Aunque por ahora nadie blanquea candidaturas del todo, varios ya empezaron a medir fuerzas como si estuvieran armando listas para una elección nacional y no para una interna partidaria donde después todos terminan compartiendo pizza fría a las dos de la mañana.
Pero la silla de la presidencia no es lo único que se discute. Porque en la UCR nunca se pelea solo por una lapicera: también están en juego los lugares para convencionales provinciales, nacionales y delegaciones partidarias. Traducido al idioma radical: cargos, representación y la posibilidad de seguir teniendo voz en las futuras negociaciones.
Y ahí apareció otra figura histórica del radicalismo costero: Leandro Alonso, que según comentaron varios asistentes, también jugó sus cartas durante las reuniones de las últimas horas. En política, los históricos nunca se retiran; apenas esperan el momento exacto para volver a sentarse en la mesa y recordar que todavía saben dónde guardan las llaves del comité.
Mientras tanto, puertas afuera, todos hablan de “unidad”. Puertas adentro, las conversaciones parecen más una subasta silenciosa donde cada sector intenta no quedarse afuera de la foto, del sello o del próximo reparto.
«La idea es evitar la interna», repiten desde distintos espacios, aunque a esta altura nadie sabe bien si buscan evitar una elección o simplemente evitar perderla.
Lo cierto es que el radicalismo costero atraviesa horas decisivas. Y como suele pasar en la UCR, el problema nunca es encontrar dirigentes: el problema es dónde sentarlos a todos sin que alguno termine ofendido, armando rancho aparte o recordando alguna traición




