Por Roberto Baschetti
Desde la noche anterior, entre mates y bizcochitos estamos en la Unidad Básica organizando a los compañeros que van a votar para elegir nuevo presidente.La consigna es que vayan todos a depositar su voto, para evitar la trampa de la segunda vuelta, el llamado «ballotage», orquestado desde el poder para frenar el avance de las masas peronistas.Esta elección era nada menos, que el epílogo de una larga batalla de resistencia, en que la generación de nuestros viejos primero y nosotros después, peleamos por el retorno incondicional de Perón a la Argentina. Dieciocho años de sacrificios y luchas, donde fuimos desenmascarando una a una todas las maniobras del régimen.Como no pudieron acallarnos ni con la barbarie de los fusilamientos de Rojas y Aramburu; luego trataron de «integrarnos» con el maquiavélico Frondizi. Después vino el turno de Guido e Illia –muy democráticos por fuera, muy gorilas por dentro- y luego cuando todas las farsas se desmoronaban rápidamente, demostrando que el verdadero poder detrás del trono era el de los militares, estos se vieron obligados a dar la cara y gobernar sin intermediarios.Onganía, Levingston y Lanusse, votados por nadie, recibieron el repudio generalizado y creciente de toda la población que los combatió como pudo, en todos los rincones del país, hasta conformar un gran Argentinazo que obligó a estos uniformados oligarcas, hijos del Pentágono, a llamar a elecciones como el mal menor, es decir, a arriesgarse a que su enemigo histórico, el Peronismo, les ganara una elección presidencial y gobernara por tercera vez nuestro país.El 11 de marzo de 1973, votamos todos y fue un gran triunfo popular. El «Tío» Cámpora ganó las elecciones por más del 50% de los votos y Perón allanó su regreso definitivo a la Argentina.Y cuando digo que votamos todos, también hago referencia a queridos «cumpas» que quedaron en el camino antes de esas votaciones, pero que seguían y siguen estando en nuestro corazón, y desde allí, desde el corazón quiero hoy rendirles este homenaje. Porque todos ellos, sin excepción, encarnaron con sus acciones y se despojaron de lo más preciado que tenían, sus vidas, para hacer realidad el deseo de todo un pueblo, que bien podía resumirse en esas dos palabras mágicas que todo lo podían y que eran: ¡PERON VUELVE!.Extracto del dscurso pronunciado por el autor el 11 de marzo de 2002, en una cena de la Agrupación Oesterheld





