Les pedí disculpas, con la sensación de vergüenza ajena… es una parejita de tucumanos que llego a Mar de Ajó en la segunda de enero para descubrir la ciudad y el mar en su luna de miel.
Seguramente será uno de los recuerdos imborrables en su vida.
Se sentaron, avanzada la mañana del domingo 24 de enero en la acera del tradicional café Karnak y pidieron una cerveza con picadita.
A los pocos minutos una camioneta gasolera detuvo su marcha y dejo el motor encendido mientras el conductor bajaba a entregar fiambres a los comercios aledaños. Así estuvo 25 minutos mientras el gasoil y el ruido del motor cambiaban los gestos de los veraneantes que habían recorrido 1.700 kilómetros para encontrase con la ciudad tranquila a orillas del mar, como se la promociona.
El dueño del café y el mozo miraban esa escena desde el interior sin saber que hacer.
El dialogo de la parejita de recién casados cesó.
Cuando el agente de control urbano se retiro, el repartidos acelero y desapareció hacia otro destino, y el dueño del café se dio por vencido, me acerque pidiéndoles disculpas por los otros, que están ajenos a la características de una ciudad que vive del veranante y debe ser distintas a una ciudad del gran buenos aires. Intente cambiar los gestos de los tucumanos. Porque turismo y buenas costumbres deben ser aliados.
Marcelo López




